- No
soy un blogfesor porque esta bitácora no será nunca un
mecanismo efectivo para aprender y enseñar a mis alumnos.
- No
soy un blogfesor porque mo creo en la inteligencia colectiva.
- No
soy un blogfesor porque considero que los weblogs no son una herramienta
poderosa de educación y mejoramiento continuo.
- No
soy un blogfesor porque no predico las buenas nuevas de los weblogs
y su poder para transformar el proceso de enseñanza-aprendizaje.
- No
soy un blogfesor porque me fascina aprender y poder compartir
lo aprendido alrededor de una pizarra, un café, una mesa camilla.
- No
soy un blogfesor porque no creo en el poder terapéutico de los
weblogs.
- No
soy un blogfesor porque bloguear no es una de las tareas diarias
a las cuáles me enfrento con seriedad y responsabilidad. Es un pasatiempo.
- No
soy un blogfesor porque la práctica de bloguear me libera de la
rutina y la normalidad de todos los días menos que un paseo por la
orilla del mar, una cerveza compartida, una charla en el casino, un
rato con los hijos, un momento con mi mujer, un buen libro, una sonrisa...
y milcientos de cosas más.
- No
soy un blogfesor porque mis “web feeds” no son mi
biblioteca personal preferida.
- No
soy un blogfesor porque considero que bloguear no es una práctica
espiritual.
- No
soy un blogfesor porque no me nutro todos los días de la sabiduría
de la blogosfera. La blogosfera no tiene sabiduria. La masa tampoco.
- No
soy un blogfesor porque bloguear no es un camino con corazón.
- No
soy un blogfesor, soy un maestro que tiene un blog .
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